Escrito por Carla Santiago
Aunque hay diferentes versiones sobre cómo llegaron las katanas a Japón y la documentación indica diversas dataciones, parece ser que entraron desde China como regalo a la reina Himeko en el año 240. A partir del 280 cantidades elevadas de estas fueron importadas; no fue si no hasta el siglo V que comenzaron a forjar sus propias katanas. A estas katanas rectas y con filo en un solo lado se las denominaba Chokuto y se forjaron hasta el siglo VIII cuando comenzaron a forjarse las espadas Tachi (alargada, curva y con filo en un solo lado). Hubo varios tipos intermedios de katana que jugaban con dobles filos y diferentes longitudes sin embargo no tuvieron el mismo éxito ni encanto. Realmente las Tachi no se usaban en combate sino que se usaba el sable katana propiamente dicho (con mucha menos ornamentación) y el wakizashi, mucho más corto y con la posibilidad de usarse con una sola mano.
Resulta curioso que siendo un producto llegado de China hoy por hoy es un símbolo de la identidad japonesa. No tengo noticia de ningún otro tipo de espada que a lo largo de su historia haya sido objeto de tanta admiración, miedo y elaboración de leyendas. En la tradición popular este tipo de sable no es sólo un arma, sino un compañero del guerrero con alma propia.
La creación de una espada de modo tradicional es un arte, que no solo necesita de mucho tiempo y esfuerzo para su nacimiento sino que precisa de una sensibilidad especial. Resumiendo mucho, se necesita doblar y golpear un número increíble de veces, calentar carbón y limadura de hierro a una temperatura específica, romper el horno donde se hace para liberar la aleación sólo para tener un principio de espada, luego, hay que templarla, lijarla, y acabarla. Hoy en día existen métodos y medios que facilitan el trabajo pero resulta insólito que en torno al año 1200 los maestros armeros japoneses lograsen hacer todo esto con la exactitud necesaria como para que una katana no fuera excesivamente liviana ni demasiado pesada y sobre todo con el punto necesario de dureza como para que pudiese cortar al enemigo sin que la espada sufra el menor daño. A quien le interese la elaboración tradicional de las katanas le recomiendo el documental “La espada del samurai”, donde enseñan todo el proceso con detalle.

Las leyendas sobre samurais nos muestran a hombres a imitar, gente que vivía y moría por la espada. Por supuesto, como toda leyenda, es una idealización.
Parece un poco irreal que en 1876 en un afán de modernización se dictase el decreto Haitorei que prohibía llevar espadas a todo el mundo excepto a la policía, a algunos oficiales importantes y a algún gran daimyo. Aunque fue un decreto muy impopular poco a poco las katanas se fueron relegando a los museos mientras entraban en Japón otras armas más actuales como los rifles y las ametralladoras.
¿Cómo llegaron las katanas a ser casi un símbolo de lo japonés? Pues con la Segunda Guerra Mundial. Uno lucha mejor con el ánimo elevado y la autoestima por las nubes y a alguien no se le ocurrió mejor idea que hacer sentir a los soldados japoneses como fieros samurais que luchaban por el honor de su país. Eso se consiguió dándoles una katana, que realmente no usaban, pero que incluso los kamikazes tenían. La inmensa mayoría eran artículos de baja calidad que no hubieran resistido una batalla real pero algunas eran auténticas piezas de arte con valor histórico transmitidas de generación en generación en la familia del soldado que la portaba. Añadiendo la tradición bélica y la importancia del honor en un país que luchaba por mantener su identidad no perdiendo una guerra, obtienes un guerrero dispuesto a dar lo mejor de sí en cualquier batalla. Por que la diferencia era esa: sentirse un guerrero, no un soldado.
Estas espadas ya produjeron una extraña fascinación entre los soldados estadounidenses, que al finalizar la guerra las requisaron, robaron y sacaron del país de una manera, digamos, poco limpia.
A día de hoy nos llegan además esas extrañas leyendas venidas de oriente que nos hablan de espadas con alma, hombres que cortaban la cabeza de los condenados a muerte para probar sus espadas y la atracción se hace irresistible.
En los animes y mangas se ven personajes que blanden espadas y que siguen estrictos entrenamientos para usarlas lo mejor posible. Personas que siguen códigos de honor que pueden parecer imposibles y no puedo evitar pensar que los japoneses sienten la misma fascinación por la katana que siento yo en el otro lado del mundo, con el valor añadido de que ellos pueden sentir el orgullo de saber que esa magnífica espada forma parte de su historia y seguramente de su propia identidad.
Imágenes ilustrativas