Hay imágenes que lo dicen todo, que nos provocan tantas y tantas sensaciones que las palabras sobran. Para un fotógrafo seguramente lo más difícil de captar no sea el momento, sino todo lo que lo rodea; el antes, el después, lo que ocurre entre medias. La fotografía de un paisaje puede no decir gran cosa, pero si conseguimos que los colores salgan por los bordes del papel y que atraviesen el marco, quizás puedan encontrar un hueco a nuestro lado, echar raíces. Eso es lo que ocurre cuando un maestro fotógrafo como el japonés Takaki Hashimoto coloca el ojo en el visor. Sus imágenes de horizontes y mares azules nos hacen recordar que el 3D está en nuestra cabeza, en nuestro potente ordenador de a bordo. Mirando una y otra vez su obra puedo ver como las olas tienen movimiento real; casi pareciera que van directamente hacia nosotros. Su forma de jugar con las luces hace que la amalgama de tonos de un mismo color parezca un juego de niños y la manera en que consigue dibujar los pliegues de las olas nos demuestra que la fotografía realmente puede llegar a ser pintura, pintura de luz con texturas. Hay personas que simplemente tiene el poder de transmitirnos la agradable sensación de que pase lo que pase, el mundo no ha cambiado nada, de que a pesar de la locura tecnológica hay momentos para disfrutar del paisaje primigenio y evadirnos por completo de la sociedad, de reflexionar un poquito y he intentar mejorar el día de mañana.
Lanzo una serie de preguntas al aire, aunque posiblemente no encuentre respuesta tan facilmente: ¿la calidez de ciertas imágenes, la potencia que emanan algunas instantáneas que vemos a diario sobre Japón y de Japón, influyen sobre nuestra visión de este país? ¿De que manera lo hacen? ¿Ocurre lo mismo cuando los propios nipones contemplan determinadas fotografías de su país? ¿Como se ven ellos mismo...?
Bien, hoy toca hablar de los personajes considerados “Moe”. No confundir con el amargado tabernero de Los Simpson, el término moe, nace del argót japonés y significa literalmente florecimiento, originalmente se refería a un fetiche con personajes de manga, anime o videojuejos.
A día de hoy es utilizada dentro del mundillo otaku (en lineas generales) para señalar los rasgos de personajes que evocan ternura. Muchas veces puede tratarse de rasgos físicos, ojos más expresivos, lágrima fácil, colmillo saliente por uno de los lados de la boca, entre otros. Aunque también puede tratarse de actitudes o conductas entre las que predominan por encima de todas la ingenuidad, la inseguridad y la torpeza.
Dentro de la industria del manga y el anime este asunto está muy criticado por grupos feministas ya que muestran una imagen completamente sumisa de la mujer ante un hombre que, en algunos casos es el “dueño” o “amo” de la chica incluso se podía decir que gran parte del genero tienen un tonalidad misógina. El problema está cuando el moe se topa con la delgada linea que lo separa del loli-con (preferencia sexual por jovencitas en la pre-pubertad).
Y es que a pesar de los esfuerzos de los fans del moe por dejar claro que su admiración hacia estos personajes no acarrea ningún tipo de atracción sexual, los dōjinshi eróticos (mangas creado por fans) se han encargado de profanar la integridad de los personajes y en parte también de sus creadores y fans.
El origen del concepto moe se concibe con la práctica del dōjinshi, donde se muestra a los personajes de anime y manga en historias desarrolladas por fans, cabe destacar que la mayoría de estas son sexuales con una tendencia completamente sumisa. El primer personaje femenino en ser pasado a un dōjinshi fue Clarisse, de la película "El castillo de Cagliostro" de Hayao Miyazaki hacia finales de la década los '70.
Miyazaki se opone fervientemente a este movimiento ya que su intención es mostrar a una mujer hermosa, pero que no destaquen por ello sino por ser fuertes y decididas.
Cita de Hayao Miyazaki obtenida en Wikipedia:
«Es complicado. Enseguida se convierten en objeto de Loli-con. Por una parte, si queremos tener a [un personaje femenino] que llame la atención, no queda más remedio que hacerlo lo más encantador posible. Pero ahora hay mucha gente que las representa como si sólo las quisieran de mascotas, y la cosa cada vez empeora más».
Analizando esto, el moe es la degeneración de la práctica de los dōjinshis eróticos en los que se le imponían roles sumisos a personajes femeninos que no los tenían.
Esto es un clarísimo caso de complejo colectivo, es decir, los jóvenes otakus japoneses (en lineas generales) son muy conocidos por su escasa o nula vida social, por sus problemas para interrelacionarse con otras personas y por supuesto por no tener las habilidades sociales suficientes como para hablar con alguien del sexo opuesto. Muchas veces acaban recluidos por un simple rechazo en el instituto. Es natural que un joven se sienta atraído por el sexo opuesto, pero el miedo y la frustración de no poder siquiera mantener una conversación lleva al otaku a aislarse más y refugiarse entre series y videojuegos. Lo que hoy en día se conoce como Complejo 2D.
Explicación del complejo 2D
Pasando al plano social el moe triunfa en muchas jóvenes que buscan la aceptación social, colectivos de moda como lolita, maid, cosplayers, etc. Comparten unos patrones de conducta muy "adorable y complaciente", lo que es difícil determinar (ya que va en función de cada persona) cuando se trata de un caso de aceptación social, cuando se hace por diversión o porque realmente es así, la personalidad del individuo. Se puede decir que si hay un correlativo moe en la sociedad japonesa pero con los 3 matices antes marcados.
Personalmente me atrevo a decir que el moe como se conoce hoy en día es el reflejo de un deseo de aceptación frustrado que ha pasado muchos filtros y que hoy se recicla irónicamente como un medio de aceptación social y como herramienta publicitaria de muchos productos, no solo los ligados al mundo otaku.
A la izquierda, Hatsune Miku un fenómeno de masas se puede decir que esta mascota de promoción del programa informático Vocaloid (de composición musical y lector de texto) es una idol ya que ha dado el primer concierto holográfico de la historia.
A la derecha Nanami Madobe la mascota de Windows 7 en Japón siguiendo le ejemplo de Vocaloid.
Como nuevo tópico a estudiar voy a centrarme a diferentes arquetipos del manga y del anime; y las partes de la sociedad nipona que reflejan a través de ellos. Ya que es curioso como en las obras del manga y el anime se ven reflejados bien a modo de crítica o a modo de elogio distintos roles sociales ya sea por su condición social, sub-cultura, trabajo, creencia religiosa o procedencia.
Para comenzar vamos a revisar al “fan dentro de la serie” generalmente representado por otakus, por personajes con los que el espectador se siente identificado.
La primera obra impactante sobre otakus se la debemos a Gainax, productora de anime que siempre ha estado a la vanguardia y que ha sabido apostar por novedades y por series experimentales. La obra de la que hablamos es “Oatku no video”. Otaku no video (1982) es un documental compuesto por 2 OVAS en las que nos cuentan la historia de Kubo, un chico normal deportista y con una novia muy guapa, todo auguraba un futuro prometedor para Kubo, hasta que se cruza con Tanaka, un antiguo compañero del instituto. Tanaka y sus amigos le introducen en el mundo otaku y debodo a sus nuevas aficiones deja el deporte y es abandonado por su novia.
Sumido en la más profunda decepción decide superarse a si mismo y superar a todos los otakus y convertirse en Otaking ("otaku king", rey de los otakus).
Entre medio de la trama de las OVAS se intercalan entrevistas realizadas a Otakus de distintos “ámbitos” (videojuegos, maquetas, colección de videos, armas, etc.) así como encuestas realizadas con datos interesantes sobre el mundillo Otaku.
Al Parecer a Gainax le gustó el detalle de incluir fans en sus obras y por eso incluye a Kensuke Aida en Neon Genesis Evangelion, que es un otaku militar muy interesado en NERV y sobre todo en los EVA. Quien a pesar de no tener ninguna influencia en la serie es un claro “Fan en la serie”.
Los otakus dentro de la serie dan un giro tal a la hora de concebir una serie que hacen plantearse el modelo que estaba establecido: “La serie genera fans” pero ahora son los fans los que generan series.
Así es el caso de Cosplay Complex, una serie compuesta por 3 OVAS, en la que las protagonistas son un club de competidores de cosplay. E muy gracioso ver como una actividad puramente de fans generada por series a su vez genera otra serie.
Otro grande de las series de fans es Genshiken, que se compone de Gendai shikaku bunka kenkyūkai o Sociedad por el Estudio de la Cultura Visual Moderna. La historia gira en torno a un grupo de jóvenes universitarios japoneses afiliados a un club llamado Genshiken, centrado en actividades otakus como el estudio y análisis de animes como el llamado Kujibiki Unbalance.
Genshiken lejos de ser una serie sobre otakus, muestra un verdadero estudio sociológico sobre los otakus y la interrelación que tienen con otros jóvenes, con el mundo laboral, sus sueños y aspiraciones, sus valores y la extrema importancia que supone su afición con respecto a otros valores de su vida.
Por último decir que los otakus dentro de las series han venido para quedarse, en series actuales como pueden ser Darker than Black o High School of the Dead también encontramos otakus o de propio Konata protagonista de Lucky Star se ha vuelto un referente y un icono debido a su actitud cute, su extenso conocimiento y su actitud pasota ha conseguido hacerse un lugar en el corazoncito de los fans del anime y el manga.
Bueno, trás 5 meses de ausencia retomo el Proyecto cargado de energía y con mucha ilusión, pido disculpas por mi prolongada ausencia ya que me vi superado por más proyectos que no podía desatender.
Como punto intermedio entre la evolución del shōnen y el siguiente tema hoy quiero hacer una mención especial a un manga que me ha marcado mucho, Full Metal Alchemist.
Los pasados días tuve por fin en mis manos el tomo nº 27 de Full Metal Alchemist (a partir de ahora FMA), editado en España por Norma Editorial. Si bien la serie en Japón acabó ya hace meses y copias digitales pululaban por internet, desde que comencé a leerlo me auto-impuse la norma de leerlo en papel, una obra tan sublime no merece otro trato. Al concluir la obra no me queda otra cosa que aportar a esta magnífica obra de arte en todos los sentidos.
Para quien no conozca este manga decir que FMA, nos plantea la historia de 2 hermanos Edward y Alphonse Elric; 2 alquimistas que rompieron el más grandes de los tabús al intentar resucitar a su difunta madre, la trasmutación humana. Como consecuencia de esto Alphonse perdió su cuerpo y Edward su pierna izquierda, a cambio de recuperar el alma de su hermano y pegarla a una vieja armadura Edward sacrifica su brazo derecho. Todo se debe al primer principio de la alquimia, el principio de equivalencia de intercambio que dice “Para obtener algo siempre hay que dar algo a cambio”.
Así es como Ed y Al comienzan su viaje para recuperar sus cuerpos, en sus aventuras se encontraran con fuertes enemigos y carismáticos aliados, risas, lágrimas, dilemas morales y dolorosas lecciones de vida como decir adiós a un ser querido.
Y bajo esta premisa de esta exitosa serie que se cataloga como shōnen, yo me pregunto, hasta que punto el planteamiento y los componentes de FMA son para un público juvenil. A lo largo de la historia nos encontraremos con dilemas muy crudos como la amargura de la guerra, la conquista y exterminio de un país pobre a manos de un poderoso país de régimen militar, lecciones que no se aprenden hasta que no se sufre dolor, pasando por una personificación de los 7 pecados capitales, el racismo, y muchísimos otros valores que Hiromu Arakawa busca plasmar en su obra.
Por esto y más detalle que no quiero arruinar a la gente que no haya disfrutado de FMA aún, considero que no es shōnen o al menos no al 100% tiene muchísimos elemento típicos de seinen (manga dirigido a adultos). Y esto me recuerda a una charla a la que asistí el año pasado organizada por mis compañeros de blogeros David y Mariña quienes junto a José Andrés Santiago, autor de Manga del cuadro flotante a la viñeta japonesa y Emma Ríos, dibujante de Marvel Comics. Entre muchos puntos a tratar, llegaron a una conclusión y es que hoy en día se están combinando tantos géneros que en un futuro las etiquetas perderán el sentido.
Y creo que este es uno de los casos con los que me pasa, la etiqueta de shōnen le queda pequeña y la seinen un poco grande.
Sin más estaros atentos a las próximas entregas, no quería desperdiciar la oportunidad de rendile culto a una serie que llevo leyendo desde hace más de 3 años y que hoy llega a su final.
Aunque hay diferentes versiones sobre cómo llegaron las katanas a Japón y la documentación indica diversas dataciones, parece ser que entraron desde China como regalo a la reina Himeko en el año 240. A partir del 280 cantidades elevadas de estas fueron importadas; no fue si no hasta el siglo V que comenzaron a forjar sus propias katanas. A estas katanas rectas y con filo en un solo lado se las denominaba Chokuto y se forjaron hasta el siglo VIII cuando comenzaron a forjarse las espadas Tachi (alargada, curva y con filo en un solo lado). Hubo varios tipos intermedios de katana que jugaban con dobles filos y diferentes longitudes sin embargo no tuvieron el mismo éxito ni encanto. Realmente las Tachi no se usaban en combate sino que se usaba el sable katana propiamente dicho (con mucha menos ornamentación) y el wakizashi, mucho más corto y con la posibilidad de usarse con una sola mano.
Resulta curioso que siendo un producto llegado de China hoy por hoy es un símbolo de la identidad japonesa. No tengo noticia de ningún otro tipo de espada que a lo largo de su historia haya sido objeto de tanta admiración, miedo y elaboración de leyendas. En la tradición popular este tipo de sable no es sólo un arma, sino un compañero del guerrero con alma propia.
La creación de una espada de modo tradicional es un arte, que no solo necesita de mucho tiempo y esfuerzo para su nacimiento sino que precisa de una sensibilidad especial. Resumiendo mucho, se necesita doblar y golpear un número increíble de veces, calentar carbón y limadura de hierro a una temperatura específica, romper el horno donde se hace para liberar la aleación sólo para tener un principio de espada, luego, hay que templarla, lijarla, y acabarla. Hoy en día existen métodos y medios que facilitan el trabajo pero resulta insólito que en torno al año 1200 los maestros armeros japoneses lograsen hacer todo esto con la exactitud necesaria como para que una katana no fuera excesivamente liviana ni demasiado pesada y sobre todo con el punto necesario de dureza como para que pudiese cortar al enemigo sin que la espada sufra el menor daño. A quien le interese la elaboración tradicional de las katanas le recomiendo el documental “La espada del samurai”, donde enseñan todo el proceso con detalle.
Es imposible pensar en una katana y desligarla de la figura del samurai. Todos tenemos en la cabeza la imagen romántica del hombre fiero y valiente dispuesto a morir por honor. Uno de los samurais más famosos fue Miyamoto Musashi, autor del libro de los cinco anillos. Este samurai participó en muchísimas batallas y se batió en duelo más de 30 veces sin ser jamás derrotado. De hecho murió a una edad avanzada.
Las leyendas sobre samurais nos muestran a hombres a imitar, gente que vivía y moría por la espada. Por supuesto, como toda leyenda, es una idealización.
Parece un poco irreal que en 1876 en un afán de modernización se dictase el decreto Haitorei que prohibía llevar espadas a todo el mundo excepto a la policía, a algunos oficiales importantes y a algún gran daimyo. Aunque fue un decreto muy impopular poco a poco las katanas se fueron relegando a los museos mientras entraban en Japón otras armas más actuales como los rifles y las ametralladoras.
¿Cómo llegaron las katanas a ser casi un símbolo de lo japonés? Pues con la Segunda Guerra Mundial. Uno lucha mejor con el ánimo elevado y la autoestima por las nubes y a alguien no se le ocurrió mejor idea que hacer sentir a los soldados japoneses como fieros samurais que luchaban por el honor de su país. Eso se consiguió dándoles una katana, que realmente no usaban, pero que incluso los kamikazes tenían. La inmensa mayoría eran artículos de baja calidad que no hubieran resistido una batalla real pero algunas eran auténticas piezas de arte con valor histórico transmitidas de generación en generación en la familia del soldado que la portaba. Añadiendo la tradición bélica y la importancia del honor en un país que luchaba por mantener su identidad no perdiendo una guerra, obtienes un guerrero dispuesto a dar lo mejor de sí en cualquier batalla. Por que la diferencia era esa: sentirse un guerrero, no un soldado.
Estas espadas ya produjeron una extraña fascinación entre los soldados estadounidenses, que al finalizar la guerra las requisaron, robaron y sacaron del país de una manera, digamos, poco limpia.
A día de hoy nos llegan además esas extrañas leyendas venidas de oriente que nos hablan de espadas con alma, hombres que cortaban la cabeza de los condenados a muerte para probar sus espadas y la atracción se hace irresistible.
En los animes y mangas se ven personajes que blanden espadas y que siguen estrictos entrenamientos para usarlas lo mejor posible. Personas que siguen códigos de honor que pueden parecer imposibles y no puedo evitar pensar que los japoneses sienten la misma fascinación por la katana que siento yo en el otro lado del mundo, con el valor añadido de que ellos pueden sentir el orgullo de saber que esa magnífica espada forma parte de su historia y seguramente de su propia identidad.
Cuando se habla de Japón siempre tenemos en mente su cultura, pero hoy quiero plantear una reflexión que quizás para muchos se extremista y disparatada.
Los nipones tienen un fuerte arraigo a sus tradiciones. Son conscientes de que su historia ha cambiado con el mundo pero a un ritmo lento en comparación con Occidente. Es posible que en los últimos cincuenta años este país se haya convertido en uno de los más innovadores del planeta a ojos de un ciudadano europeo o americano, pero la realidad es que no ha cambiado en absoluto.
Su innovación es precisamente conservar sus tradiciones y su cultura milenaria. Una fusión de lo moderno y lo antiguo que hace posible que cada vez que vemos o leemos algo sobre el país del Sol Naciente, nos quedemos atónitos al contemplar como venerar a los kamis y como respetan la naturaleza (los Kamis están ligados fuertemente con lo que en Europa llamamos Gaia o Madre Tierra).
Se me ocurre pensar que para los japoneses su cultura y sus tradiciones están tan ligadas que consideran subconscientemente que es lo mismo. Tienen motivos para ello puesto, qué no entienden una cosa sin la otra y sus vidas se rigen por esa cultura y tradiciones, produciendo un efecto curioso: una sociedad neurótica,, metafóricamente hablando, en el que el grupo, prima sobre lo individual y hay un servilismo que a los extranjeros nos inquieta pero que está en la memoria histórica de cada uno de los japoneses. Prácticas y rituales que han pasado de generación en generación, y que es entendida no como un acto de menosprecio sino de compromiso entre jefe y trabajador. El "voy a dar todo lo que tengo" que tanto escuchamos en animes y mangas es realmente eso, yo me comprometo a hacer mi trabajo como es debido, por qué así es como debe de ser y por qué me debo a quien me está dando trabajo. Es posible que sea una reminiscencia de señor feudal japonés...
Los que vivimos en esta parte del mundo consideramos que cultura y tradición son diferentes. La tradición es propia de cada zona o país, pero la cultura es la misma sin importar las tradiciones de la región o continente, por lo tanto hay una clara diferencia entre ambas cosas, que no necesitan apoyarse entre ellas para sobrevivir. Japón es diferente, viven en armonía una con la otra y son igual de necesarias. Por eso cuando ahora vuelvo a ver Blade Runner, ese ambiente futurista medieval, es la viva imagen de un Japón que avanza a pasos agigantados, y que conserva su esencia, hasta tal punto, que me atrevo a decir y a contradecir a los que sostienen que Japón se ha occidentalizado.
Japón sigue siendo Japón. Crean su propia historia y la reinventan cada vez de una manera diferente pero con la misma base, y así será siempre, por qué eso es lo que nos gusta de este país, su constante cambio sin dejar de lado su fe en lo antiguo, ya que es lo que les da esa fuerza para seguir adelante.
Parándome a analizar algunos de los animes y mangas que he visto me he dado cuenta de que hay varios elementos que se repiten de manera frecuente. De esos elementos el que más me llama la atención es que muchos de los personajes carecen de una familia y se ven forzados a salir adelante solos. ¿Es simplemente un recurso para justificar las idas y venidas de personajes muy jóvenes sin que tengan que dar cuenta a nadie? ¿Una manera simple de explicar un carácter difícil?
Puede ser pero se repite en cantidad de animes como Sailor Moon, Bleach, Evangelion, Saint Seiya, Fullmetal Panic, Fullmetal Alchemist, Code Geass, Dragon Ball, Detective Conan...
Un punto en común con todas estas series es la importancia del honor y el valor (en Saint Seiya, Fullmetal Alchemist por ejemplo es un elemento crucial). Es algo bastante normal teniendo en cuenta la importancia de la historia militar japonesa y la vital trascendencia del honor en esta.
Por supuesto hay matices diferentes en todas las series pero normalmente se observa que los personajes que salen adelante solos tienen un carácter fuerte y a la vez se alaba y exalta su capacidad de sacrificio y su sentido del deber para con los suyos. Sin duda por la dureza de no tener una infancia normal con las comodidades y facilidades que da una familia.
Hay un caso en particular que siempre me ha llamado la atención, es el de Kojiro Hyuga (Mark Lenders) de Captain Tsubasa. Siendo un niño pierde a su padre y el negocio familiar quiebra, aunque en este caso sí tiene una madre, tiene que ponerse a trabajar además de cuidar de sus hermanos pequeños. Desde el principio se le muestra como un chico de carácter fuerte y podría entenderse como el malo de la serie pero con el paso de los capítulos se observa que aunque se critica su carácter individualista se alaba la manera de cuidar de su familia y el esfuerzo que hace para ser lo mejor posible. Incluso a veces me da la sensación de que es una crítica al exceso de exigencia de la sociedad desde la más tierna infancia. En uno de los capítulos se ve claramente cómo el chico no puede con la presión de trabajar, entrenar y conservar una beca para no dar problemas a su madre que trabajaba muchísimo para mantenerle a él y a sus hermanos; acaba enfermando. Tal vez lo que más se le reprueba a este personaje es una cierta falta de “honor” y su poca capacidad para en trabajo en equipo en los primeros capítulos de la serie aunque con el avance de los acontecimientos se demuestre que eso no es totalmente cierto. Puede que a la par que se reprocha el exceso de exigencia de la sociedad se ensalce la capacidad del individuo para sobreponerse a las dificultades y cumplir con todas las expectativas sin pedir ayuda a nadie. Eso es algo que me choca en una sociedad tan poco individualista como la japonesa, en la que uno pertenece a la empresa y casi debe guardarle la misma fidelidad que a su propia familia.
En ese aspecto también me recuerda a Fullmetal Alchemist donde se ensalza que Ed nunca llore, ni se queje cuando le conectan sus prótesis (no lo hace porque según el propio Ed no tiene derecho a hacerlo ya que Al no se queja de haber perdido todo su cuerpo). No suele pedir ayuda y carga con una misión casi imposible.
En Code Geass se pone de manifiesto lo mucho que Lelouch cuida de su hermana ciega y paralítica. A Lelouch se le muestra como un chico que a fuerza de tener que ocultarse de su propia familia ha tenido que desarrollar mucho su inteligencia. Su amigo y rival Suzaku Kururugi tampoco tiene familia y aunque es un chico bueno y afectuoso también se le muestra como una persona decidida y valiente. Ambos amables con la hermana de Lelouch (Nunally) y sin embargo capaces de salir adelante solos.
Esto podría venir de la escasa consideración que tienen los orfanatos en Japón, lugar donde hasta hace muy poco había un número muy pequeño de adopciones y hay poco apoyo económico por parte de la administración japonesa a los orfanatos públicos. Aunque después de la segunda guerra mundial se potenciaron las adopciones, debido al elevado número de huérfanos, parece existir algo de miedo a los problemas que puede tener un hijo adoptado o a la escasa aceptación del entorno. Tampoco existen demasiados hogares de acogida. De hecho, la legislación sobre hogares de acogida es muy reciente y es algo que parece chocar en la sociedad japonesa, ya que resulta complicado aceptar estar al cuidado de unos niños que no son de tu familia y que en muchos casos tiene otros padres en una sociedad que vincula la familia a la consanguinidad.
Por todo esto, tras analizarlo creo que existe una cierta admiración hacia las personas que salen adelante solas y que, en cierto sentido, dejan en evidencia una sociedad que pretende ser demasiado dura y exigente con el individuo.
Puede que en el fondo a los japoneses no les guste ser homogéneos.